Monday, July 12, 2004

La violencia desplazó a la vida cultural

La indolencia de las autoridades municipales ha permitido que la noche no sea propicia para el ocio cultural. El Ateneo, Casa del Artista, Rajatabla, Cinemateca Nacional e incluso el Teatro Teresa Carreño, son territorios prohibidos o zonas rojas a partir de las 7:00 pm. No hay vigilancia policial e impera el “sálvese quien pueda”

E.A. Moreno-Uribe




Cuando se oculta el sol, las calles de Manhattanel selecto y millonario distrito de Nueva Yorkse iluminan y una desopilante vida nocturna de 12 horas se desata.

En cines, teatros, museos, bares, discotecas, clubes y hasta en algunas plazas, se inicia una desenfrenada carrera de servicios artísticos disponibles para los siete millones de habitantes de esa anciana urbe, quienes se atreven a caminar por sus calles o viajar en el Metro o en autobuses o en sus vehículos particulares.

Saben que hay miles de policías, de civil o uniformados, además de los servicios de seguridad privados que los custodian. Saben también que un enloquecido terrorista o un criminal en serie puede dañarles esas horas de ocio, pero eso no importa:
nadie podrá quitarles lo bailado.

Saben que la violencia forma parte de la urbe, considerada la capital del mundo.¡Incluso, muchos de sus habitantes desearían saborear esa violencia algún día!
Eso también ocurrió -con diferentes niveles de cantidad y calidady fue muy disfrutado en Caracas hasta mediados de los años 90.

La vida cultural de la capital comenzaba en la esquina de Cipreses (cuando la Compañia Nacional de Teatro invocaba a Pedro Navaja o Ezequiel Zamora, desde el Teatro Nacional, o cuando en el Teatro Municipal el ballet de Zhandra Rodríguez era un fantástico reto a la gravedad y la estética... Y así seguía hasta la zona del Ateneo de Caracas y el Teatro Teresa Carreño, donde Carlos Giménez manejaba siempre un festival del mejor espectáculo internacional o nacional en cartelera.

Y para los que querían trasnochar y disertar sobre lo divino y lo humano o comentar las nuevas locuras del trepidante grupo Theja, se lanzaban hasta las cafeterías de Sabana Grande para consumir el mejor café de Caracas o ver el espectáculo estético y desacralizador de los drag queen criollos.

En fin, no había miedo para caminar y contemplar incluso hasta las estrellas.

Pero Caracas es otra ahora. Después de las 7 de la noche, la vida humana, la que anima o justifica a una ciudad, se sumerge en el Metro y donde antes había vida cultural ahora moran indigentes o delincuentes y hasta la non santavida de los burdeles disfrazados de la Baralt -los lupanares de El Silencio nunca se fueron, diría un historiadortienden a desaparecer cada vez, sobre todo desde aquel aciago diciembre de 2002 cuando le prendieron fuego a un espectacular “teatro de sexo en vivo”, como era la concurrida Guajirita.


Preguntas al viento¿Qué pasó?
¿Dónde se nos extravió aquella Caracas inolvidable? ¿Por qué en el Ateneo de Caracas los espectáculos se programan de jueves a domingo y a las 10 de la noche no hay alma en sus salas ni inmediaciones?
¿Por qué las luces del Teatro Teatro Carreño se prenden cuando hay uno que otro espectáculo y casi siempre con la presencia del Jefe de Estado, pero nunca más allá de las 8 de la noche? ¿Qué ocurre con la programación de la Casa del Artista, fantástico proyecto de Amador Bendayán que inicialmente era una opción válida para los artistas criollos que no tenían acceso a los lugares privados? ¿Por qué ahora los museos (GAN, MBA, Maccsi y de Ciencias) pagan elevados gastos de presupuestos en vigilancia interna? ¿Por que ya en Sabana Grande no hay gente civilizada más allá de la 8 de la noche y los que se arriesgan a caminar por sus callejuelas deben ir con chalecos antibalas y escoltas? ¿Por qué hasta sus antros característicos han ido desapareciendo?

Nefasta estampida urbana Y serían muchas más preguntas las que brotarían ante el calamitoso estado de la vida nocturna de la que fue la zona cultural más importante y prestigiosa de Caracas. Y para indagar el por qué de esa situación El Mundo contactó al arquitecto y crítico cultural William Niño Araque.

Él, de manera reposada, observó que la vida cultural caraqueña “se deprimió ante la estampida urbana de numerosas instituciones hacia otras zonas del área urbana:
murió la vida cultural que mantenía el Banco Unión en la esquina de El Chorro y hasta emigraron los tribunales a las inmediaciones de Chacao. Esa estampida urbana dejó a esos territorios sin alma, lugares donde ahora impera el miedo o el pánico, donde hay muchas sombras, donde lo que reina es la cultura de la castración, del silencio.

Esa zona cultural que era el lugar donde imperaba la comunicación y la ciudadanía, se ha transformado en un espacio de represión y miedo.

Y ese problema que El Mundo está denunciado, es un problema que no es nuevo, lleva muchos años. Desde su aparición, no ha sido analizado ni por los científicos sociales ni tampoco por las autoridades municipales. Los urbanistas y arquitectos tienen una cuota de responsabilidad. No han hecho análisis serios, pero tampoco han participado los psiquiatras, voces profesionales que no se han expresado frente a la tragedia que vive la ciudad”.

Observa Niño Araque que ahora el Teatro Teresa Carreño funciona como escenario de eventos políticos y nada más. “Desapareció toda la vitalidad de las ciudad, ya no es un espacio para el libre pensadore ni para la expresión de la vida pública, el lugar para el encuentro de la ideas desapareció. Ahora la ciudad ha quedado descerebrada, muere en la noche y resucita a medias, a la mañana siguiente”.

-¿A quién se puede culpar por el actual estado de cosas? ¿Es consecuencia de qué? ¿Qué fue lo que pasó?
-Impera la violencia, que es como un método de persuasión que nos es directo. Es un auge de la violencia permitida que acalla a las instituciones culturales, a sus producciones y a los usuarios. La vida cultural de esta ciudad se ha trasladado a los centros comerciales.

Esa dinámica que antes se daba a cielo abierto, sin esa condición anesteciante que tienen los centros comerciales, repletos con gente alelada por las vitrinas y sus productos, antes se daba en espacios donde había choques de inteligencia, donde pululaban las ideas, ha desaparecido.

Niño Araque enfatiza que ya no hay centros culturales ni espacios para el diálogo, como los que había en Sabana Grande, para aprehender y conversar o intercambiar ideas. “Desaparecieron las charlas en los museos, en el Ateneo, los foros en la Cinemateca, que es una sala única de cine que ha sido terriblemente afectada por esta situación, todo eso desapareció. De tal manera que ahí se neutralizó una postura política que era muy importante para el país. Con toda esa represión a la cultura se esta haciendo anticultura, porque lo que ahora se hace es fomentar el miedo, evitar el diálogo civilizado entre la gente. Es la política de la muerte”.

-¿Podemos comparar la vida cultural en Caracas con Roma, París o Nueva York?
-En esas ciudades la vida cultural se da en espacios abiertos, en calles abiertas, a plena luz, como era en los tiempos de la Grecia antigua.

La calle y las plazas son la expresión de la ciudadanía. Pero aquí en Caracas se perdió la calle y además se perdió la noche, es una ciudad sin noche. Ahora todo transcurre en las casas o en los apartamentos y en momentos en los centros comerciales.

Hay un autoconfinamiento en nuestros hogares, el cual es paralelo al amurallamiento de los edificios y residencias. Pero no sirve de nada, porque abundan los asesinatos, los robos y los asaltos, además del miedo que se ha aposentado de todos los habitantes de esta urbe, que es la más amurallada del continente.

William Niño Araque.

William Niño Araque advierte que lo ocurrido con la oleada de inseguridad que anuló o redujo a lo mínimo la vida cultural, se ha dado una nefasta castración de la ciudad, “porque la cultura es el lugar del placer y del encuentro, de la vitalidad, de la sexualidad, de la alegría, de la belleza, del ruido de la gente en la calle o en las plazas.

Gracias a la violencia y a la inseguridad que impera en esta ciudad, esos ruidos sanos desaparecieron y ahora lo que hay es la violencia que no sólo ataca a las personas, sino que se ha ensañado en las obras de arte público, y todo se ha hace frente a las narices de las autoridades policiales, las cuales no reciben órdenes o trabajan en horarios burocráticos”.




Rumbo al este
William Niño Araque observó que la vida cultural de Caracas ha quedado limitada a los centros comerciales, donde los cinematógrafos le ofrecen a sus clientes un tanto de seguridad para sus vehículos y además otros servicios. Todo eso es consecuencia de la violencia que impera en la tradicional zona de la cultura, la cual aún no ha cerrado en sus horarios diurnos, pero se convierte en un verdadero reto cuando cae la noche. Ahora los caraqueños tienen que adecuarse a la cultura del mall o del centro comercial mayamero adaptado a Caracas. Actualmente, el paradigma del nuevo espacio cultural es el Centro Comercial El Paseo de las Mercedes, donde el Trasnocho Cultural -con estacionamiento seguro, espacios confortables y baños públicos- ofrece además de una sala teatral, en constante programación, dos espacios de cine, una de arte, una librería, una tienda y restaurantes. Es el sitio más in de Caracas, y es por eso que algunos, socarronamente, lo denominan como “Ateneo del Este”.

Pero ahí no termina todo, pues en la zona noroeste hay valiosos espacios para la actividad cultural como la Torre de Corp Banca y la Casa de Rómulo Gallegos, con programación teatral y cinematográfica permanente, además de una serie de locales para galerías de arte y librerías, también cafeterías para conversar o departir. En resumen, la zona cultural caraqueña cambió de geografía y ahora anida en el noroeste, mientras donde estuvo antes, crece lentamente un hueco negro.